La confluencia de la demanda impulsada por la inteligencia artificial y la persistente escasez global de semiconductores está teniendo un impacto directo en el bolsillo de los consumidores. Se anticipa una posible subida de hasta el 30% en el precio de los teléfonos móviles, según un análisis reciente.
Esta situación pone de manifiesto una de las paradojas de la era tecnológica: mientras la IA promete transformar la economía y mejorar la productividad, también genera presiones sobre los precios, el consumo energético y la disponibilidad de recursos estratégicos.
El encarecimiento de dispositivos esenciales para la vida cotidiana, como los smartphones, es una señal temprana de cómo la tecnología redefine no solo el progreso, sino también la economía global y las relaciones de poder.